Todos los ojos en ella
RESEÑA DE LA ÓPERA "LUCREZIA BORGIA"
Hasta el 23 de junio se presentará
en el Teatro Municipal la Ópera Lucrezia Borgia. La historia se centra en la
hija del Papa Alejandro VI y su relación con Gennaro, su hijo no reconocido,
con quien se encuentra en Venecia. Intrigas, dolor y sobre todo pasión son la
tónica en esta ópera de Donizetti.
La
primera vez que aparece, entra sentada sobre una góndola que avanza lentamente
en el fondo del escenario. Su negra silueta contrasta con el cielo azul intenso.
Baja del bote veneciano y camina hacia el público. Lleva recogido su pelo rojo
en un peinado alto, con adornos dorados. Con cada paso que da, se forman
infinitos pliegues negros en su vestido color carmesí. Lucrezia Borgia avanza
con paso firme, lento y solemne, con la majestuosidad de una reina.
La
ópera lleva su nombre y no podría ser de otra forma. Cuando Lucrezia entra al
escenario, el ambiente se vuelve eléctrico y tenso. Uniendo su talento vocal
con una asombrosa capacidad actoral, la soprano británica Elisabeth Meister
logra imponer en el ambiente toda la carga emocional de la trágica historia de
su personaje.
La
obra, compuesta por Gaetano Donizetti, se presenta hasta el 23 de junio en el
Teatro Municipal, tras casi veinte años de su última realización en ese
escenario. Además de Meister, los roles principales están a cargo del tenor chino
Yijie Shi (como el Borgia ilegítimo, Gennaro), la contraalto italiana Marianna
Pizzolato (interpretando a Maffio Orsini, el íntimo amigo de Gennaro) y el bajo
rumano Balint Szabo (Don Alfonso, esposo de Lucrezia). Felice Romani escribió
el libreto de la obra que fue estrenada en 1839, tomando como referencia la
tragedia publicada por Víctor Hugo. Él se basó, a su vez, en la figura real y
en las leyendas que rodeaban a la duquesa, hija del papa Alejandro VI. Una de
las particularidades de esta ópera es que pertenece al estilo vocal conocido
como bel canto, que busca la perfecta
igualdad de la voz y el desarrollo impecable de distintos elementos virtuosos
de ella, como el trino, la coloratura y la brillantez de los agudos.
La
historia, ambientada a principios del siglo XVI, se desarrolla en Venecia y
Ferrara. La primera escena transcurre al interior de un palacio veneciano, donde
un grupo de amigos están de fiesta. En el escenario hay un despliegue de vestidos
en tonos azulinos y los invitados se pasean por el salón con coloridos
antifaces. Gennaro conversa con sus amigos y uno de ellos, Orsini, le cuenta al
resto que cuando viajaba con Gennaro por el bosque, fueron advertidos por un
hombre de que se cuidaran de Lucrezia Borgia, a quien visitarían al día
siguiente. Aburrido con la historia, Gennaro se aleja y se queda dormido. Es
ahí cuando aparece la protagonista en una góndola. Mientras mira dormir al
joven, revela al público lo que será el nudo de la historia: Gennaro es su hijo
no reconocido. El sonido grave de los instrumentos de cuerda marca un ritmo
firme, que genera incertidumbre. El joven se despierta repentinamente. Se
sorprende con la belleza de Lucrezia, a quien no conoce. Le confiesa que siente
una conexión especial entre ambos. Angustiada, ella le pregunta si ama a su
madre y él contesta “como a mí mismo”, aunque nunca la ha conocido.
Los
amigos de Gennaro interrumpen repentinamente la escena, reconocen a Lucrezia, y
la insultan por los asesinatos que ha cometido. Ella se arrodilla y mira al
cielo suplicando que no digan su nombre, consciente de su mala fama. La tensión
aumenta al ritmo de los timbales que acompañan los agudos desesperados de la
soprano. Finalmente, los jóvenes nobles le dicen a Gennaro que la mujer
colorina frente a él es la temible Lucrezia Borgia y ella cae desmayada. Este
es el fin del prólogo de la obra. Desde entonces se desencadenará la tragedia.
Cuando
la protagonista no está en escena, se hace difícil tomarle el peso al peligro
que corre Gennaro con las trampas que se entretejen a su alrededor. Él no es
consciente de ellas y sus amigos menos aún. Sólo cuando Lucrezia aparece, el
riesgo vital de Gennaro se hace evidente. Ella encarna toda la tensión desde su
desesperado rol de madre en las sombras, intentando proteger a su hijo
ilegítimo. Su protagonismo es tan fuerte que no hay lugar para otro personaje a
su nivel.
Lo
anterior también se relaciona con la manera en que está construido el libreto.
Las apariciones de los otros personajes casi parecen anecdóticas. Su presencia
en escena es mucho más débil (tanto en parlamento como en intensidad dramática)
y no tienen la suficiente profundidad como para disputarle el protagonismo a la
duquesa. Esto hace que sea imposible encariñarse con ellos. De hecho, pareciera
que todas las escenas en las que no está Lucrezia son una preparación para las
que la tendrán a ella en el escenario, una excusa para ordenar el guión.
Lo
anterior puede llevar a que el ritmo de la obra se haga pesado algunas veces.
Hay ciertas escenas en las que no ocurre mucho o se alargan más de lo
esperable. Probablemente se hacen más largas porque no está la chispa, no está
la colorina que es el motor de la historia. Es Lucrezia el alma de esta obra. Y
los ojos del público se prendan de ella.
*Este artículo fue publicado originalmente en http://kilometrocero.cl.msn.com/todos-los-ojos-en-ella, en julio de 2012.


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